sábado, 18 de octubre de 2008

Lo que El País nunca me publicó.


"El sitio de mi recreo"

En el verano del 92, las tardes eran de acero, y yo tenía una bicicleta naranja y un columpio que colgaba de un árbol invisible. Me dediqué a tener seis años y a disfrazarme de pez en aquel pueblo tan blanco. Un punto en la inmensidad. Me gustaban los helados de barra de tri-sabor, dormir la siesta, jugar con mi madre a sonreír, y simular piscinas con mangueras de plástico.
Al atardecer, mi padre me pedía que me sentara, en su regazo. Entonces sacaba su disco naranja y ponía la doce. El sitio de mi recreo. Y la cantábamos juntos, porque yo me la sabía entera.
Fue un verano bonito y feliz.

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